La Espada de Avalon

Avalon es un isla mítica que aparece en la leyenda del Rey Arthuro. En la “Historia de los Reyes de Bretaña”, Avalon aparece como la isla donde se forjó la legendaria espada Excalibur, y también Avalon fue el sitio donde el Rey Arthuro se recuperó de las heridas provocadas en la Batalla de Camlann. Desde el principio, la isla de Avalon fue asociada con las prácticas místicas y a personas como Morgan Le Fay (una hechicera que aparece en la leyenda artúrica).

Espada que se parece a una Espada forjada en la isla de Avalon

En la crónica de Glastonbury se afirma que en la isla de Avalon se descubrieron los huesos del Rey Arthuro y su mujer. A una profundidad de 5 metros más o menos, cerca de la isla Avalon se encontró un ataúd de tronco de árbol enorme y una cruz de plomo con la inscripción: “Hic jacet sepultus inclitus rex Arthurus en la ínsula Avalonia” (“Aquí yace el Rey Arturo de renombre en la isla de Avalon”). La inscripción puede variar, ya que hay cinco versiones.

ESPADA AVALON LATEX

La versión más antigua donde aparece esta inscripción es la de Giraldo en “Liber de Principis instructione” en el año 1193, y él dice que vio la cruz y leyó lo que ponía: “Aquí yace enterrado el famoso rey Arturo con Ginebra su segunda esposa en la isla de Avalon”. Giraldo afirma que dentro del ataúd habían unos huesos enormes y que son los huesos del Rey Arthuro.

Espada que se parece a una espada forjada en la isla de Avalon

La isla mítica de Avalon fue llamada la “Isla de las manzanas de oro y la vida eterna”, último hogar de Merlín, territorio de hadas y el lugar donde descansa el Rey Arthuro. Otras historias cuentan que la Isla de Avalon fue el lugar donde Jesús desembarcó con José de Arimatea y años más tarde se levantó la primera Iglesia de Gran Bretaña.

La ubicación de Avalon sigue oculta, además hay muchos que reclaman para sí la verdadera ubicación de la isla de las hadas. Algunos estudiosos de las leyendas artúricas han situado Avalon en la Ile Aval, en la Costa de Bretaña y otros más cerca de Camboglanna, en lo que ahora se llama Castlesteads.

Espada Avalon Plata

Esta espada es una réplica fidedigna de una espada que perteneció a un personaje mítico de la isla de Avalon. Tanto el personaje como la isla están envueltos de misterio y es muy difícil decir que héroe manejó con valentía esta espada; solo se sabe que la espada está relacionada con la leyenda del Rey Arthuro y los Caballeros de la Mesa Redonda.

ESPADA AVALON EN PLATA

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Cáliz decorativo de los Caballeros Templarios

Varias leyendas antiguas se refieren al Santo Grial como el cáliz usado por Jesucristo en la Última Cena. La relación entre el Grial, el Cáliz y José de Arimatea procede de la obra de Robert de Boron conocida como “Joseph d’Arimathie”, publicada en el siglo XII. Según este relato, Jesús, ya resucitado, se aparece a José para entregarle el Grial y ordenarle que lo lleve a la isla de Britania.

Cáliz Caballeros Templarios

Siguiendo esta tradición, autores posteriores cuentan que el mismo José usó el cáliz para recoger la sangre y el agua emanadas de la herida abierta por la lanza del centurión en el costado de Cristo y que, más tarde, en Britania, estableció una dinastía de guardianes para mantenerlo a salvo y escondido. La búsqueda del Santo Grial es un importante elemento en las historias relacionadas con el Rey Arturo (el Ciclo Artúrico o Materia de Bretaña) donde se combinan la tradición cristiana con antiguos mitos celtas referidos a un caldero divino.

Cáliz Caballeros Templarios1

El primer autor en mencionar al Grial es, entre 1181 y 1191, el poeta Chrétien de Troyes en su narración Perceval —también llamada Le Conte du Graal—. La obra, presentada como tomada de un libro antiguo, habla de la visita de Perceval —quien aspira a ser caballero del Rey Arturo— al castillo del Rey Pescador, en el cual le es mostrado un grial. A partir de este momento, los textos se concentran en dos historias diferentes. Por un lado, las relacionadas con la búsqueda del Santo Grial, emprendidas por los caballeros del Rey Arturo, y, por el otro, las que relatan la propia historia del Grial desde los tiempos de José de Arimatea.

Cáliz Caballeros Templarios2

Según la Vulgata, el cáliz habría pertenecido al servicio de mesa de José de Arimatea, un rico comerciante judío, quien según la tradición organizó la Última Cena. José de Arimatea habría solicitado a Poncio Pilatos que se le entregara el cuerpo de Jesús (a quien hizo enterrar en una tumba de su propiedad) y la lanza con que fue herido (que quedó en su poder, junto con la copa). Como José era un próspero comerciante, en un viaje de negocios habría llegado hasta Albión (antiguo nombre de Gran Bretaña) y estableció su residencia en ella, levantando una capilla en Glastonbury.

Cáliz Caballeros Templarios4

Al morir José, los poemas aseguran que se tomaron recaudos para custodiar las reliquias, nombrándose un caballero para tal fin. Siendo Sir Pelles el guardián del Grial, otro caballero Sir Balin el Salvaje, quiso robarlo junto con las demás reliquias; ambos se batieron en una justa pero, al perder su espada, Sir Balin tomó la lanza sagrada e hirió a Pelles; inmediatamente el castillo se derrumbó debido a la profanación. El Grial, entonces, desapareció de la vista de los hombres hasta que un caballero puro de corazón las encontrara. Finalmente sir Galahad, el más santo de los caballeros de la Mesa Redonda, halló el cáliz. Al morir, según los relatos del ciclo, el Grial fue llevado junto al caballero al Reino Celestial.

Cáliz Caballeros Templarios3

En la antigua sala capitular, hoy Capilla del Santo Cáliz de la Catedral de Valencia, se conserva un cáliz que la tradición aragonesa identifica con el Santo Grial. Consta de una copa de calcedonia (piedra semipreciosa) de 7 cm de altura y 9,5 de diámetro, y un pie con asas añadido posteriormente. El arqueólogo Antonio Beltrán ha fechado la copa superior en torno al cambio de era (siglo I), labrada en un taller oriental de Egipto, de Siria o de la propia Palestina, por lo que pudo estar en la mesa de la Santa Cena.

Fondo Cáliz Caballeros Templarios

Los dos Papas que han visitado la ciudad de Valencia (Juan Pablo II y Benedicto XVI), han usado este cáliz en las Eucaristías multitudinarias de sus visitas. La Iglesia no se ha pronunciado sobre la autenticidad de esta reliquia.

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