La Espada Tizona del Cid es noticia judicial

Las espada de Don Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid Campeador, fundida en una fragua sevillana en torno al año 1027, garantizaba al legendario batallador la victoria en cualquier combate. Su última batalla se libra ahora en el Juzgado 72 de instrucción de Madrid, diez siglos después de la muerte del caballero castellano que conquistó Valencia, debido a que las hijas del hombre que cuidó a uno de los marqueses herederos del arma reclaman su propiedad. El conflicto gira en torno al millonario precio de 1.6 millones de euros, pagados por un consorcio burgalés para que quedara depositada en el Museo de Burgos. Las dos herederas de un legado cedido por el marqués XV de Falces, cuyo linaje ha sido propietario del legendario mandoble desde el siglo XV.

La Espada Tizona del Cid original

El conflicto se origina porque el décimo quinto Marques de Falces, el heredero de la Tizona, poco antes de morir en 1980, nombró heredero universal a su cuidador que dejó la espada en el Museo del Ejército de Madrid. La sorpresa llegó en 2008, cuando las hijas del cuidador se enteraron de que el actual Marqués de Falces, sobrino del anterior, había vendido La Tizona a la Junta de Castilla y León por un millón seiscientos mil euros. Por eso ahora demandan al Marques y reclaman la mitad del dinero, algo más de 750.000 euros.

Mercedes y Olga, hijas de Salustiano Fernández, el cuidador del XV Marqués de Falces -ciego y último propietario antes de que el arma pasara a la administración- reclaman una parte del legado. Pedro Velluti y Murga, el marqués, heredó la espada de su antepasado Antonio Carrillo de Peralta, II Marqués de Falces. La historia cuenta que el rey de Aragón, Fernando el Católico, se la regaló en agradecimiento por su papel en la incorporación del reino de Navarra. Otra versión, la de los herederos, dicen que llegó a su linaje por haber mediado en el matrimonio de los Reyes Católicos.

ESPADA TIZONA DEL CID EN ORO

La espada de Rodrigo Díaz de Vivar había llegado a manos de los Reyes Católicos a través de las hijas de éste, Elvira y Sol, casadas con importantes condes catalanes. Durante siglos permaneció en el Palacio de Marcilla de los Falces. Después de la Guerra Civil, en 1944, la espada quedó expuesta en el Museo del Ejército de Madrid. El XV marqués de Falces, depositario de esta importante espada, junto con su hermana Olga, marquesa de Cerro de la Cabeza, decidieron en mayo de 1980 prestar la espada al museo y así formalizaron la cesión mediante documento notarial. Pero José Ramón Suárez de Otero Velluti, heredero de Olga y nuevo marqués ya que su tío no tuvo hijos, vendió la Tizona a la Junta de Castilla y León en mayo de 2008 por el precio de un millón seiscientos mil euros.

La espada Tizona de 93 centímetros de longitud de su hoja, y sus 4,30 centímetros de anchura, lleva un canal dispuesto en el centro de su doble filo para acelerar la muerte del herido al inyectar aire por la brecha abierta, tenía un poder extraordinario. Su poderío material se veía envuelto además con el aura especial del mito que rodeó la vida del Mío Cid. Las gestas del Cid fueron glosadas por un monje cluniacense, Jerónimo Visque, que acompañó al Campeador hasta Valencia, donde él le nombró Obispo.

ESPADA TIZONA CID CON PUÑO CINCELADO

 Ya anteriormente, la Audiencia Nacional había dictado un fallo decidiendo que este alto símbolo de la Historia de España, permaneciera únicamente en poder del Estado para evitar que pudiese salir del país. El marqués accedió a que la espada no saliera del territorio nacional y que permaneciera en el Museo del Ejército mientras estuviese en su propiedad, pero se reservó el derecho a venderla. Tras la venta a Castilla y León, la espada se expone en el Museo de Burgos, donde está enterrado el Cid Campeador, donde llegó sin conocimiento de las que se reclaman también herederas y este es otro de los argumentos de la actual demanda, ya que éstas son partidarias de que regrese a Madrid.

ESPADA COLADA DEL CID

Al pasar los bienes del marqués XV de Falces a Salustiano su cuidador, la espada entró en una batalla jurídica que tendrá que resolver la magistrada-juez del Juzgado 72 de Madrid. El XV marqués de Falces murió sin descendientes y nombró a su cuidador heredero universal. Las hijas de Salustiano, ya fallecido, litigan por la copropiedad y reclaman la mitad del dinero pagado a Suárez del Otero por ella. El juicio ha quedado visto para sentencia. Cuando salga la Sentencia, lo anunciaremos oportunamente.

NOTA: Efectivamente, el Juzgado de Primera Instancia 72 de Madrid, falló a favor de las demandantes a propósito de la titularidad indivisa de la Tizona, espada del Cid Campeador, que no obstante fue vendida en 1.600.000 euros hace cinco años. La potestad para vender el histórico estoque había sido impugnada por las hijas de Salustiano y la sentencia las reconoce como co-titulares de la espada, por lo que podrán reclamar los 750.000 euros que pedían.  La Tizona de El Cid es indivisible.

Posteriormente, la Audiencia Provincial de Madrid desestimó el recurso interpuesto por el XVI marqués de Falces contra este fallo judicial que da la razón a las hermanas Mercedes y Olga Fernández Méndez. El marqués de Falces ha recurrido ante el Tribunal Supremo este Fallo de la Audiencia Provincial y ya daremos cuenta de la Sentencia del Tribunal Supremo que será la última batalla judicial que libre la Espada Tizona de El Cid.

 

Como anunciamos, os damos a conocer la Sentencia de la Sala Civil del Tribunal Supremo del mes de noviembre de 2016, que pone fin a este largo pleito judicial sobre la Tizona del Cid Campeador:

El Alto Tribunal ha determinado que José Ramón Suárez-Otero Velluti, XVI marqués de Falces, era el titular por herencia de la espada y podía disponer íntegramente de ella, como hizo al venderla en 2008 por 1,5 millones de euros. Los compradores, un grupo de empresarios burgaleses, la donaron luego a la Junta de Castilla y León.

La sentencia revoca las dos anteriores, dictadas por el Juzgado de Primera Instancia 72 de Madrid y por la Audiencia de Madrid, que dieron la razón a las hijas de Salustiano. El Supremo sostiene que Suárez-Otero Velluti era “propietario exclusivo” de la espada porque le pertenecía por donación de su madre, doña Olga, marquesa del Cerro de la Cabeza, que había sido su única dueña durante más de seis años, tal y como exige la ley.

Los magistrados del Alto Tribunal entienden que el vínculo de la familia de la madre del actual marqués con la espada cumple la condición que marca la ley para considerarla propietaria exclusiva: “Cuando fallece su hermano don Pedro en el año 1987, queda doña Olga como única depositante de la espada que había sido de su padre don José María Velluti Zibikouski y, aunque ello ni siquiera es necesario para la prescripción extraordinaria que se consumó a su favor, incluso cabría deducir su buena fe por entender que la titularidad de la espada estaba de algún modo vinculada al marquesado de Falces y no podía pasar —ni siquiera en parte— a ser de titularidad de personas extrañas a la familia, lo que venía corroborado además por el hecho de que su hermano don Pedro no hiciera mención en su testamento a la existencia de la espada”.

Pero aunque no fuera así, añaden los jueces, “bastaba el transcurso de seis años desde el fallecimiento de don Pedro para que se consumara la usucapión a favor de su hermana doña Olga”. “No cabe duda de que la poseyó a título de dueña durante todo ese tiempo –en que las demandantes y sus padres ignoraban que la espada había pertenecido en todo o en parte a don Pedro- y buena prueba de ello es que el Museo del Ejército como poseedor inmediato se dirigió en todo momento exclusivamente a su esposo –reconociendo el dominio de ella- para cualquier gestión relacionada con la Tizona”. “En definitiva, cabe afirmar que la usucapión extraordinaria se consumó a favor de doña Olga por el transcurso de seis años desde del fallecimiento de don Pedro, por tanto, con efecto desde el 18 de marzo de 1993, y en consecuencia desde ese momento podía disponer íntegramente de la espada y, en consecuencia, donarla a su hijo don José Ramón, como efectivamente hizo”.

Escudo medieval del Cid Campeador en madera decorada
Escudo medieval del Cid Campeador en madera decorada

A la espada que blandió el Cid Campeador le falta aún otra batalla que librar: la de demostrar su autenticidad. “La Tizona” -declarada Bien de Interés Cultural en 2003- causó una fuerte polémica en su día entre la Junta de Castilla y León y el Ministerio de Cultura, que rechazó pagar el dinero que pedía su dueño por considerar que diversos estudios demostraban que no era la verdadera Espada del Cid.

Pese al enfrentamiento judicial, la espada Tizona que se exhibe en el Museo de Burgos no se moverá de ahí. Los distintos estudios realizados han confirmado que se trata de una espada forjada en el siglo XI en Andalucía y, por tanto contemporánea del Cid, lo que no significa que el guerrero castellano la blandiera. Precisamente la imposibilidad de demostrar este punto, aparte de otros estudios que señalan que hay partes del hierro muy posteriores (de la época de los Reyes Católicos) ha sido uno de los principales motivos de polémica entre historiadores y estudiosos.

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