Sellos de Lacre Medievales

En la Edad Media, el lacre se hacía con cera de abejas derretida junto con trementina de Venecia, una resina de color amarillo-verdoso (extracto del árbol de alerce). Los primeros sellos de cera eran incoloros; más tarde fueron a menudo de cera teñida de rojo con cinabrio. Conforme pasó el tiempo, en el mismo siglo XVI se hizo una mezcla de diferentes proporciones de goma laca, trementina, resina, yeso o tiza y colorantes (a menudo todavía cinabrio, de color rojo, o bien, el plomo), pero no cera real.

Lacrar la correspondencia puede considerarse como un método muy antiguo de sellado de cartas, escritos y documentos, así como cierre de paquetes, en donde una pasta sólida que con el calor se volvía pastosa y que al enfriarse volvía a endurecerse. Su uso se pierde en el tiempo. En la época romana era muy habitual su utilización en documentación de carácter político-militar. Al parecer, según fuentes históricas, su invención se sitúa en la India de donde llega a Europa, vía España, de la formula para su confección. Los primeros era realizados propiamente de cera incolora, derretida junto con trementina de Venecia y posteriormente se le fueron añadiendo elementos y colores, especialmente el rojo que todos conocemos.

La introducción del lacre en el mundo Occidental se debe especialmente a navegantes y comerciantes Venecianos que lo trajeron desde la India, y fue a través de España donde tuvo una gran aceptación, donde pasó al resto de Europa, empezando por la vecina Francia y a América a través de los viajes a Ultramar.

Pero el lacre, a lo largo de la Historia, se ha usado para infinidad de circunstancias. Si durante los siglos XVI y XVII, su uso se centró en el sellado y cierres en cartas y manuscritos; en el siglo XVIII, el Rey Fernando VI, le daría una nueva utilidad. El regente ordena colocar lacre sobre el cuello de las botellas de vino, sobre todo de las que procedían de Burdeos, al observar que a algunas de ellas se le evaporaba el caldo de su contenido. Normas muy estrictas al respecto, ordenaban “….no abrir botella alguna sin presencia del Rey…”, bajo riesgo de Pena de Muerte. Este sería el origen de las cápsulas de lacre, que sobre el cuello de las botellas de vino, especialmente los “reserva”, se coloca hoy en día.

El Lacre forma parte de la historia postal y de la correspondencia epistolar de las grandes familias, especialmente de la Edad Media.

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