Fiestas Romanas

La Península Ibérica estuvo bajo el poder de los romanos entre los años 218 a.C. al 409 d.C. La llegada de los romanos a la Península Ibérica se da en el año 218 a.C., cuando desembarca un ejército del Imperio en Ampurias. El comandante del ejército invasor se llamaba Cneo Escipión.

Una de las características principales de la conquista romana es la lentitud con que se realiza: sólo 200 años después de su llegada, podemos hablar de un control de Roma sobre el territorio de la Península (Hispania).

El símbolo principal de la resistencia a la conquista romana es la ciudad de Numancia; ciudad pequeña en el norte de Castilla, cuyos habitantes resistieron un sitio de 8 meses, por un ejército de 60.000 soldados, comandados por Escipión Emiliano, considerado el mejor general de Roma en aquel año (133 a.C.). Después de sufrir hambre y la pestilencia de sus propios muertos, los numantinos prefirieron suicidarse antes que rendirse ante las fuerzas invasoras.

Es con la invasión de los romanos que los españoles inventaron la táctica de la guerra de guerrillas.

Es a los romanos que se les debe la unificación política de la Península Ibérica. Antes de su llegada, la Península era un simple concepto geográfico, habitado por un gran conjunto de tribus de naturaleza muy heterogénea.

Lo que Roma trajo a España:

1. El principio del municipio: es la organización local que establecen los romanos alrededor de toda la Península. Tiene un carácter de democracia incipiente. En ellos, los hombres libres elegían por votación a sus magistrados y funcionarios, en cuyas manos recaía toda la administración local.

2. El Derecho romano. Constituye la contribución más efectiva y duradera de los romanos no sólo a España sino a todo el Mundo Occidental. El Derecho romano afirma los derechos del individuo, tanto dentro de la familia como para efecto de la propiedad privada, con lo que se cambió radicalmente la vida pública de los pueblos indígenas, cuyo principio básico era el colectivismo.

3. El latín: una lengua común. Además de unificar política y jurídicamente la Península, los romanos la unificaron lingüísticamente: la lengua común para todos es el latín vulgar, que es la lengua que los soldados y colonos trajeron. Este latín vulgar será más tarde la base de las lenguas románicas de Europa, entre las que se incluye el castellano o español.

4. Obras de ingienería: Carreteras, puentes y acueductos. Para que la unificación política fuera efectiva, los romanos construyeron una inmensa red de carreteras y puentes que permitía viajar por toda la Península. Además construyeron acueductos magníficos, cuyo ejemplo máximo es el acueducto de Segovía, aún sigue en pie, y ha sido utilizado hasta hace pocos años. También construyeron impresionantes templos, anfiteatros, circos y baños, en las principales ciudades de Hispania. De éstos últimos sólo quedan ruinas, pero ellas nos permiten tener una idea del gran progreso urbano que Hispania experimentó bajo el dominio de Roma.

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5. La literatura. Los romanos trajeron a Hispania no sólo su literatura, mitología y cosmogonía, sino también la de los griegos clásicos, considerados sus maestros. La literatura greco-latina ha jugado un papel vital en el desarrollo de toda Europa.

6. A través de los romanos, se introduce a Hispania el cristianismo, que resultará ser más tarde la religión católica, definidora de buena parte del carácter del pueblo español. Ya en el siglo II se encuentran en la Península numerosas comunidades cristianas, de las que saldrá un buen número de mártires y santos, cuya memoria aún forma parte de las tradiciones populares y religiosas del pueblo español.

Lo que España dio a Roma:

1. España suministra a Roma muchas riquezas en la forma de metales preciosos (oro y plata) y otro metales, lana, trigo, aceite y vinos.

2. Escritores. Lo que se conoce como la Edad de Plata de Roma (Siglo I) es dominada por escritores nacidos en Hispania.

Entre ellos sobresalen: Séneca (3-65 d.C.). Nacido en Córdoba, Séneca se educa totalmente en Roma. Fue escritor de teatro y filósofo. También Lucano (39-65 d.C.), nacido también en Córdoba y sobrino de Séneca, fue poeta de gran renombre. Por último Marcial (42-104 d.C.). Nacido en la actual Calatayud, es el más español de los tres, ya que nació, creció y se educó en su tierra natal. Su obra más famosa, Epigramas, se puede considerar el antecedente primero de la picaresca española y del elemento satírico en la obra de Quevedo.

3. España dio también emperadores a Roma: Trajano, Adriano y Teodosio, son todos emperadores nacidos en Hispania, y que cumplen un papel fundamental en la unificación geográfica, cultural y espiritual del Imperio.

Espada Romana Gladius

En España existen innumerables festividades romanas, repartidas en todo el territorio. Queremos destacar algunas de ellas, sabiendo que hay muchas otras muy importantes y conmemorativas. Por ejemplo:

Fiesta de Astures y Romanos, en Astorga (León), que suelen celebrarse la última semana de julio de cada año, recordando sus orígenes con trajes tradicionales, recreaciones de luchas y deportes, mercados típicos y gastronomía romana. Con una documentación histórica intensa para recrear los orígenes de Astorga, se calcula que cada año acuden unos 30.000 visitantes.

Otra es la Fiesta de Cartagineses y Romanos en la ciudad española de Cartagena en Murcia, que comienzan el viernes siguiente al 15 de septiembre y terminan 10 días después.

También están las fiestas romanas Arde Lucus en Lugo; y las fiestas romanas Festa do Esquecemento en Xinzo de Limia (Ourense) que recrean el paso de las legiones romanas por el río del Olvido, comandadas por en Cónsul Décimo Junio Bruto. En estas fiestas gallegas los vecinos conviven durante tres días en campamentos romanos y poblados celtas realizando desfiles y animaciones teatrales. Además hay un mercado de época en distintos escenarios, con espectáculo de circo romano y batallas romanas. Suelen celebrarse a mediados del mes de junio de cada año.

Hay también mercados romanos muy interesantes como el de Guissona (Cataluña) y Sagunto (Valencia).

Pueden verse las festividades romanas en España y en otros países de Europa.

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Cratícula-parrilla romana

La estructura original de la casa romana no disponía de cocina, por tanto la comida se preparaba en un rincón del atrio. Con el tiempo se creó una estancia específica situada detrás del atrio que se denominó coquina. Un elemento propio de la cocina era la cratícula romana, que era una especie de parrilla en la que se cocinaban los alimentos y traía unas aperturas para colocar las ollas o cacerolas.

La gastronomía romana cambió a través de su antigua civilización. Sus hábitos se vieron influenciados por la cultura griega, los cambios políticos de monarquía a república y a imperio. La enorme expansión del imperio romano trajo muchos hábitos culinarios nuevos y técnicas de cocina de las provincias. Al principio, las diferencias entre las clases sociales no eran tan significativas, pero la distancia entre ellas creció junto con el imperio.

Tradicionalmente, en la mañana se servía un desayuno, el ientáculum; al mediodía un pequeño almuerzo, y al atardecer la comida principal del día, la cena. A partir de 300 a. C., la creciente riqueza condujo a comidas aún más grandes y sofisticadas. El valor nutricional no era considerado importante: al contrario, los gourmets preferían la comida con bajo contenido de energía y nutrientes. La comida que se podía digerir fácilmente y los estimulantes diuréticos tenían gran importancia.

En la mesa se utilizaba ropa sencilla y la cena se consumía en una habitación especial, que después sería llamada triclínium. Ahí, las personas se recostaban en un sillón especialmente diseñado, el lectus triclinaris. Alrededor de la mesa, tres de estos lecti eran acomodados en forma de semicírculo, para que los esclavos pudieran servir fácilmente, y un máximo de tres personas se reclinaba en cada lectus. Durante la monarquía y la república temprana, sólo los hombres podían estar en un lectus. Sin embargo, en la república tardía y los tiempos imperiales, especialmente en la aristocracia, se permitía que las mujeres se reclinaran durante las comidas. Tradicionalmente, las mujeres cenaban sentadas derechas en sillas en frente de sus esposos. Había más mesas para las bebidas a los lados de los sillones. Todas las cabezas estaban orientadas hacia el centro de la mesa, con los codos izquierdos sobre un cojín y los pies fuera del sillón. De esta forma, no más de nueve personas podían cenar juntas en una mesa. Cualquier invitado adicional tenía que sentarse en una silla. Los esclavos normalmente tenían que estar de pie.

Los pies y manos se lavaban antes de la cena. La comida se tomaba con las puntas de los dedos y dos tipos de cucharas; la más grande era la ligula y la pequeña cochlear. Esta última se usaba al comer caracoles y moluscos, siendo el equivalente al tenedor moderno. En la mesa, se partían grandes pedazos para ser servidos en platos más pequeños. Después de comer un alimento se lavaban los dedos y las servilletas, máppae, se usaban para limpiar la boca. Los invitados podían traer su propio máppae para llevarse las sobras de la comida o pequeños obsequios, los apophoreta. Todo lo que no podía ser comido, como los huesos y conchas, era tirado al suelo donde los esclavos pudieran barrerlo.

En verano, era popular comer afuera. Muchas casas en Pompeya tenían sillones de piedra en un sitio particular en el jardín solamente para ese objetivo. Las personas se recostaban para comer sólo en ocasiones formales. Si la comida era rutinaria, comían estando sentados o de pie.

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